NATURALEZA  DE  LOS  TDAs

    Las personas, desde su nacimiento y a lo largo de toda su vida, presentan diferencias constitucionales que se manifiestan mediante indicadores externos: formas, tamaños, colores,... de su organismo y mediante sus comportamientos. Tanto los comportamientos como las características físicas tienen un origen biológico, expresado en sus genes. La interacción de factores ambientales con las condiciones genéticas explican las diferencias constitucionales de las personas. Sin embargo, los comportamientos: lo que una persona siente, piensa, hace o dice en cada momento de su vida no son el resultado de un factor biológico que actúe como causa de los mismos, sino como resultado de la interacción entre factores predisponentes (biológicos) y factores desencadenantes (ambientales) que modifican la probabilidad de actuar de un modo u otro. En esto se fundamenta la capacidad de elegir la forma de comportarse de los seres humanos, su libertad de elección. La conducta de las personas, esto es, el comportamiento que eligen en una situación concreta, está relacionada con las expectativas de consecuencias que uno u otro comportamiento les pueda proporcionar. No obstante, en cada situación de su vida, cada persona sólo puede actuar de acuerdo a sus posibilidades físicas, lo que significa que las condiciones biológicas determinan cómo llevará a cabo su comportamiento: movimientos precisos o temblorosos, razonamientos simples o complejos, habla fluida o lenta, etc.

    Algunas de las características observables de manera directa o indirecta pueden ser causa de dificultades por parte de la persona que las posee, dependiendo de las circunstancias del entorno físico o social en el que se desarrollan. Cuando estas diferencias y sus efectos son claramente observables, las sociedades avanzadas han efectuado modificaciones físicas o sociales para facilitar el desenvolvimiento de quienes las poseen. Así, por ejemplo, se eliminan barreras arquitectónicas, se desarrolla la escritura braille, se fabrican implantes auditivos, se ajustan los currículos escolares, bien en contenidos, bien en procedimientos,..., se designan profesionales especializados en la atención educativa a personas diferentes, se elaboran programas especiales, se aplican medidas educativas y fisiológicas en centros escolares y sanitarios, etc...

    Todo ello, bajo la consideración de que algunas personas son "diferentes", pero no necesariamente "deficientes", ni "enfermos", incapaces de adaptarse al medio cuando éste se ajusta en alguna medida a ellos.

     La capacidad atencional (conjunto de diversos procesos) es muy diferente entre las personas, dependiendo, como otras capacidades, del mensaje genético, y no observable por métodos directos.

    Las diversas capacidades atencionales tienen múltiples efectos en el comportamiento de los individuos. De especial relevancia durante el período de desarrollo infantil, las diferencias en capacidad atencional afectan notablemente a todos los aprendizajes, tanto sociales, como académicos. En el caso de escolares con algún déficit atencional, la ausencia de ajustes metodológicos en los programas educativos suele ser fuente de fracaso escolar, que, a su vez, puede alterar las relaciones sociales entre el alumno y los profesores, padres, hermanos, compañeros/as, etc...

    Cuando, debido a la falta de conocimiento sobre la capacidad atencional de un niño o adolescente, el entorno familiar, escolar o social en general, le exige un comportamiento que "no es capaz de llevar a cabo con regularidad", se inicia un proceso de deterioro progresivo de las relaciones familiares, escolares y sociales; instaurándose progresivamente una situación de inadaptación escolar (fracaso o bajo rendimiento), familiar (problemas de disciplina, agresividad, ...), social (exclusión social, acoso,...) y personal (ansiedad, estrés, trastornos psicofisiológicos, mal autoconcepto y baja autoestima).

    En la actualidad, cuando un niño o adolescente se manifiesta de este modo en relación con sus características atencionales, suele recibir atención por parte de algún profesional de la salud,  tras la cual, en muchos casos, recibe el diagnóstico clínico de "Trastorno por Déficit de Atención".